El juego en la pedagogía waldorf es la base del desarrollo del niño, un hecho muy importante que debe tomarse en serio.
Los niños necesitan tiempo y espacio para jugar, para activar su imaginación y fantasía. Necesitan experimentar, imitar, asombrarse y vivenciar a través de sus actividades sus sentimientos que les servirán de ensayo para futuras situaciones en su edad adulta.
El juego libre, es el que desarrolla todos sus sentidos y permite al niño expresar sus sentimientos.
El tipo de juguetes que el niño necesita para el juego libre es aquel que no está muy elaborado, o el que no tiene ninguna acción implícita. Por ejemplo aquel juguete creado por los padres con amor, va a ser el que los niños tomen con más ganas y vean el valor añadido que tiene.
Los niños juegan imitando las acciones que ven en su entorno. Por ello el juego simbólico es tan importante. A los niños les encanta participar y ayudar en las tareas, imitando a sus padres y familiares.
Los juguetes que les ofrecemos han de tener un sentido y servirles para expresarse, han de ser lo más nobles posibles y han de dejar que la imaginación y el juego sea libre, no condicionado. Los niños adoran jugar con objetos cotidianos, a los que les dan infinidad de usos además del propio.
En nuestra casa, hemos intentado poco a poco entender que menos es más. Aunque aún conociendo las teorías sobre el juego de la pedagogía waldorf, cuesta separarse del motor de consumismo en el que estamos sumergidos.
Por los juegos que si que apostamos son los juegos de mesa que permiten compartir el tiempo en familia y ofrecen momentos de diversión que nunca olvidarán nuestros hijos cuando crezcan, nutriéndoles de aprendizaje y seguridad.
Los niños no necesitan tantos juguetes, necesitan atención, cariño, respeto y que les ofrezcamos espacio para desarrollar su juego, siempre bajo una mirada de seguridad y cariño. En mi caso lo intento ofreciendo a mis hijas juguetes elaborados por mi con materiales nobles (madera, lana, piedra, sedas...) y sacando aquellos que no les aportan nada, o los que enseguida se aburren (que suelen ser los más llamativos al principio, pero que no permiten jugar con fantasía... aunque puedo asegurar que a ellas no les falta imaginación).
Tampoco las tengo aisladas en una burbuja, pero si que intento protegerlas de tanta información y sobre estímulos. Pero está claro que hoy en día eso es complicado, y más con la tecnología que nos rodea. Mi trabajo me cuesta, trato de no ser tan prohibitiva pero si limitante. Sé que lo más fácil sería seguir la tendencia, pero por lo menos lo intentamos. Sé que al final se verá el resultado.
Además no hay cosa más gratificante que ver a tus hijas jugando con cosas que has hecho por ti misma pensando en ellas y que lo valoren tanto.
El juego libre desarrolla en el niño un pensamiento creador, le permite descubrir el mundo y las leyes de la naturaleza. Intentamos preservar la felicidad del niño al hacer descubrimientos en la actividad lúdica, cuando maneja y ensaya con los objetos, y también el estado de asombro previo al conocimiento, ya que ese asombro será el germen de las energías de conocimiento futuro.
Los niños necesitan tiempo y espacio para jugar, para activar su imaginación y fantasía. Necesitan experimentar, imitar, asombrarse y vivenciar a través de sus actividades sus sentimientos que les servirán de ensayo para futuras situaciones en su edad adulta.
El juego libre, es el que desarrolla todos sus sentidos y permite al niño expresar sus sentimientos.
El tipo de juguetes que el niño necesita para el juego libre es aquel que no está muy elaborado, o el que no tiene ninguna acción implícita. Por ejemplo aquel juguete creado por los padres con amor, va a ser el que los niños tomen con más ganas y vean el valor añadido que tiene.
Los niños juegan imitando las acciones que ven en su entorno. Por ello el juego simbólico es tan importante. A los niños les encanta participar y ayudar en las tareas, imitando a sus padres y familiares.
Los juguetes que les ofrecemos han de tener un sentido y servirles para expresarse, han de ser lo más nobles posibles y han de dejar que la imaginación y el juego sea libre, no condicionado. Los niños adoran jugar con objetos cotidianos, a los que les dan infinidad de usos además del propio.
En nuestra casa, hemos intentado poco a poco entender que menos es más. Aunque aún conociendo las teorías sobre el juego de la pedagogía waldorf, cuesta separarse del motor de consumismo en el que estamos sumergidos.
Por los juegos que si que apostamos son los juegos de mesa que permiten compartir el tiempo en familia y ofrecen momentos de diversión que nunca olvidarán nuestros hijos cuando crezcan, nutriéndoles de aprendizaje y seguridad.
Los niños no necesitan tantos juguetes, necesitan atención, cariño, respeto y que les ofrezcamos espacio para desarrollar su juego, siempre bajo una mirada de seguridad y cariño. En mi caso lo intento ofreciendo a mis hijas juguetes elaborados por mi con materiales nobles (madera, lana, piedra, sedas...) y sacando aquellos que no les aportan nada, o los que enseguida se aburren (que suelen ser los más llamativos al principio, pero que no permiten jugar con fantasía... aunque puedo asegurar que a ellas no les falta imaginación).
Tampoco las tengo aisladas en una burbuja, pero si que intento protegerlas de tanta información y sobre estímulos. Pero está claro que hoy en día eso es complicado, y más con la tecnología que nos rodea. Mi trabajo me cuesta, trato de no ser tan prohibitiva pero si limitante. Sé que lo más fácil sería seguir la tendencia, pero por lo menos lo intentamos. Sé que al final se verá el resultado.
Además no hay cosa más gratificante que ver a tus hijas jugando con cosas que has hecho por ti misma pensando en ellas y que lo valoren tanto.
En la Pedagogía Waldorf a través del juego el niño se capacita para dominar el movimiento corporal, su equilibrio, un tacto delicado y un impulso lleno de fuerza. A través del juego el niño desarrolla la creatividad y la imaginación que serán las bases de su capacidad intelectual. Jugando aprenderá también a relacionarse con los otros niños y desarrollará poco a poco la experiencia consciente de sí mismo.
El juego libre desarrolla en el niño un pensamiento creador, le permite descubrir el mundo y las leyes de la naturaleza. Intentamos preservar la felicidad del niño al hacer descubrimientos en la actividad lúdica, cuando maneja y ensaya con los objetos, y también el estado de asombro previo al conocimiento, ya que ese asombro será el germen de las energías de conocimiento futuro.







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